PISA 2025 · Límites del instrumento
Las grandes limitaciones de PISA
Tres límites que conviene tener presentes al leer cualquier resultado de PISA: a quién representa, qué alcanza a medir y qué tipo de explicaciones permite formular.
Las grandes limitaciones de PISA
PISA es una herramienta poderosa para leer el desempeño de los sistemas educativos, pero también tiene importantes limitantes. Sus resultados deben interpretarse con al menos tres límites en mente: a quién representan, qué dimensiones de la educación alcanzan a medir y qué tipo de explicaciones permiten formular.
Límite de cobertura
PISA representa estadísticamente a los jóvenes de 15 años que asisten a la escuela, no al conjunto completo de jóvenes de esa edad. Esta precisión es especialmente importante para México: en 2022 la cobertura de la población de 15 años fue de 63.5%, lo que implica que alrededor de un tercio —36.5%— ya no estaba en la escuela y, por tanto, no quedó representado en la medición. En los países con cobertura casi universal, el resultado de PISA se aproxima mucho más al desempeño de toda una generación; en México, en cambio, describe a quienes permanecen escolarizados, pero deja fuera a una proporción muy grande de jóvenes.
La consecuencia principal es que los resultados mexicanos pueden estar sobreestimando las habilidades promedio del conjunto de la población de 15 años. No porque PISA mida mal a quienes sí evalúa, sino porque quienes están fuera de la escuela suelen concentrar mayores desventajas sociales, económicas y educativas, y probablemente habrían obtenido resultados más bajos que los jóvenes que permanecen escolarizados. Por eso, en México, un resultado bajo de PISA debe leerse junto con una advertencia adicional: el problema no es solo cuánto aprenden quienes están en la escuela, sino cuántos jóvenes ya no están ahí para ser alcanzados por esa escuela.
Y hay que decirlo con toda claridad: antes incluso de preguntarnos cuánto aprenden los jóvenes que permanecen en la escuela, México debe asumir como prioridad nacional a quienes ya no están en ella. La inasistencia no es un dato secundario ni una nota metodológica: es una forma de exclusión educativa. Si uno de cada tres jóvenes de 15 años está fuera de la escuela, el país no solo enfrenta un problema de aprendizaje, sino una deuda básica de derecho, equidad y futuro. Recuperar, reincorporar y sostener a esos jóvenes en trayectorias educativas significativas debe estar en el centro de cualquier agenda seria de mejora.
Límite de medición
PISA mide competencias fundamentales en lectura, matemáticas y ciencias, y lo hace con una calidad técnica difícil de igualar. Pero muchas de las cosas más importantes de la educación no caben en una prueba estandarizada. La escuela también forma carácter, disciplina, perseverancia, curiosidad, capacidad de colaborar, sentido de responsabilidad, juicio ético, creatividad, gusto por aprender, empatía, ciudadanía democrática, hábitos de trabajo y vínculos de pertenencia, por ejemplo. Algunas de estas dimensiones pueden aproximarse mediante cuestionarios o indicadores indirectos, pero no se miden con la misma precisión que una respuesta correcta o incorrecta en matemáticas, lectura o ciencias.
Esto no vuelve irrelevante a PISA; vuelve indispensable leerlo en su justa dimensión. Si un país obtiene malos resultados en comprensión lectora, resolución de problemas matemáticos o razonamiento científico, eso es una señal grave, porque esas competencias son condiciones básicas para seguir aprendiendo y participar en la vida social y económica. Pero un buen sistema educativo no puede reducirse a elevar puntajes: también debe formar personas capaces de convivir, tomar decisiones, sostener proyectos de vida, cuidar a otros y contribuir a su comunidad.
Límite causal
PISA permite saber si un país avanzó, retrocedió o se mantuvo estable; permite comparar trayectorias, identificar brechas y observar asociaciones entre desempeño y variables como nivel socioeconómico, tipo de escuela, género, bienestar o recursos escolares. Pero no permite afirmar, por sí solo, por qué ocurrió un cambio. Si México mejora o empeora entre dos ediciones, PISA puede mostrar el tamaño y la dirección del cambio; no puede demostrar que ese cambio se deba a una política específica, a una reforma curricular, a un programa presupuestal, a la pandemia, a la gestión escolar o a una combinación de factores.
La utilidad de PISA, entonces, no está en ofrecer explicaciones automáticas, sino en formular mejores preguntas. Si el resultado cambia, la tarea nacional es investigar qué ocurrió: qué políticas estaban en marcha, cómo se implementaron, qué pasó en las escuelas, quiénes mejoraron o empeoraron, qué otros datos administrativos o evaluativos apuntan en la misma dirección y qué evidencia adicional permite sostener una hipótesis. PISA es un termómetro comparativo de alta calidad; no sustituye el diagnóstico clínico ni el tratamiento. Saber si avanzamos o no es indispensable, pero entender por qué exige investigación, seguimiento, capacidad institucional y, principalmente, voluntad de mejora.
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