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20 años acompañando la mejora educativa en México · 2006–2026

PISA 2025 · Análisis

Las diez mentiras que México se cuenta sobre PISA

Elementos para informar la discusión pública.

Diez ideas de circulación común, con el matiz que cada una requiere para no llevar a conclusiones equivocadas.

Mentira 1

Las escuelas públicas en México son malas

En México hay escuelas públicas de clase mundial. En cada edición de PISA, un número de escuelas públicas mexicanas obtiene resultados por encima de la media de la OCDE, y otras logran puntajes muy por encima de los que obtienen escuelas con estudiantes en condiciones socioeconómicas similares. El problema no es que no existan: es que son pocas frente a las que muestran desempeño medio o bajo, y esa distribución rara vez se percibe cuando la discusión pública se queda en el promedio nacional.

Dispersión de resultados de escuelas mexicanas en PISA 2022, por nivel socioeconómico y tipo de sostenimiento
Cada punto es una escuela mexicana que participó en PISA 2022, coloreada por tipo de sostenimiento (pública/privada); el eje vertical es el puntaje promedio de la escuela, el horizontal su nivel socioeconómico. Las líneas muestran el gradiente escolar —la relación entre nivel socioeconómico y resultado— por tipo de escuela. Fuente: OCDE, Base de datos PISA 2022, Tablas I.B1.4.6, I.B1.4.8 y I.B1.5.4; gradiente escolar, PISA 2022 Results Vol. I, Cap. 4. Reconstrucción a partir de estadísticas oficiales publicadas.

El promedio nacional de México (395 puntos) esconde una dispersión muy amplia entre escuelas, incluidas escuelas públicas: sobre la nube de puntos hay planteles públicos que, con estudiantes de nivel socioeconómico similar al de otras escuelas públicas, obtienen resultados muy superiores. El gradiente escolar —la pendiente que asocia nivel socioeconómico con resultado— no es igual entre escuelas públicas y privadas, lo que indica que el tipo de sostenimiento por sí solo no determina el resultado: dentro de cada nivel socioeconómico hay escuelas públicas que se ubican muy por encima y muy por debajo del promedio de su grupo. Es decir: un abismo separa los resultados de escuelas todas mexicanas, todas públicas, todas con estudiantes de nivel socioeconómico similar.

Los resultados estatales de PISA, disponibles con muestra representativa por entidad entre 2003 y 2012, muestran el mismo patrón a otra escala.

Resultados de matemáticas por entidad federativa, PISA 2003, con intervalo de confianza del 95%
Resultados de matemáticas por entidad federativa, PISA 2003, con intervalo de confianza del 95%. Fuente: INEE, "Los resultados de México en PISA 2003".

El resultado de Colima en 2003 (443 puntos) superaría hoy a países europeos como Serbia (440), Grecia (430) y Rumania (428) en PISA 2022, mientras que las entidades más rezagadas de 2003 quedarían por debajo de todos los países que participaron en PISA 2022. Escuelas y estados que comparten las mismas normas —leyes, políticas, programas, materiales— y atienden a estudiantes de nivel socioeconómico similar logran resultados muy distintos: eso apunta al valor de la gestión que llevan a cabo las autoridades de cada escuela y de cada estado. Lo que se hace o se deja de hacer en cada plantel y en cada entidad se refleja en los resultados, al igual que lo que hacen o dejan de hacer las autoridades federales.

Mentira 2

La educación privada siempre es mejor que la pública

En el promedio de los países de la OCDE, las escuelas privadas muestran puntajes más altos en una primera comparación sin ajustar —42 puntos en el conjunto de la OCDE, 39 en México—, pero esa ventaja se explica en buena medida por el perfil socioeconómico de sus estudiantes. Al comparar escuelas de un mismo nivel socioeconómico, el resultado se revierte en el promedio de la OCDE: las escuelas públicas superan a las privadas por 17 puntos; en México, por 6 puntos.

PaísDiferencia sin ajustar (privada − pública)Diferencia ajustada por NSE (privada − pública)
OCDE promedio+42−17
Canadá+50+23
Chile+89+1
Colombia+70+4
Corea+66+7
España+49+4
Francia+40−18
Italia+12−35
Japón−6−47
México+39−6
Reino Unido+67−2
Suiza+5−50
Türkiye+10−99

Variación en puntaje de matemáticas, escuelas privadas respecto de públicas (positivo = ventaja privada; negativo = ventaja pública), PISA 2022. Fuente: elaboración propia con base en PISA 2022.

El patrón no es uniforme entre países: en Canadá, Chile, Colombia, Corea y España la ventaja privada se mantiene (aunque menor) incluso ajustando por nivel socioeconómico; en México, Francia, Italia, Japón, Reino Unido, Suiza y Türkiye el ajuste revierte el signo, y son las escuelas públicas las que superan a las privadas una vez controlado el contexto de sus estudiantes.

Para valorar el trabajo de una escuela con justicia es necesario compararla con las que atienden a estudiantes de características socioeconómicas y culturales similares: hay una correlación alta y consistente entre esas características y el logro académico. Ignorar el contexto favorece sistemáticamente a las escuelas que pueden seleccionar a sus estudiantes por examen de admisión o colegiatura, frente a las escuelas públicas que atienden a todo tipo de estudiantes. Las mejores escuelas no son necesariamente las de mejores resultados brutos, sino las que logran resultados superiores a lo que su composición social, económica y cultural haría esperar.

Mentira 3

México siempre ha fracasado en PISA

México ha tenido al menos dos éxitos documentados en PISA que rara vez se reconocen como tales.

México tiene el mayor avance en Matemáticas entre 2003 y 2009

El primero: entre 2003 y 2009, México fue el país que mostró el mayor avance en matemáticas de entre todos los participantes —+33.3 puntos en seis años, partiendo de un resultado particularmente bajo en 2003—, un logro que no fue destacado ampliamente en medios ni documentado en sus causas por instituciones públicas o investigación educativa: no hay literatura que explique con precisión qué se hizo para lograrlo.

Cambio en el puntaje de matemáticas entre 2003 y 2009, países participantes
Cambio en el puntaje de matemáticas entre 2003 y 2009, países participantes. Fuente: OCDE, PISA 2009 Database, Tabla V.3.1.

México tiene a los jóvenes más felices de la OCDE

El segundo éxito es el bienestar subjetivo de los jóvenes mexicanos. En 2015, México tuvo el promedio de satisfacción con la vida más alto entre los países miembros de la OCDE: el indicador colocó en los primeros lugares a cuatro países de América Latina, de los cuales solo México era miembro de la organización en ese momento.

Satisfacción con la vida de estudiantes de 15 años, por país, PISA 2015
Satisfacción con la vida de estudiantes de 15 años, por país, PISA 2015. Fuente: OCDE, PISA 2015 Database, Tablas III.3.2 y III.3.8.

México repitió el primer lugar entre países OCDE en 2018 (8.11 puntos). En 2022, la pandemia le pasó factura a este indicador con más fuerza que a ningún otro país de la OCDE —el mayor descenso del bloque—, pero México se mantuvo en una posición relevante: tercer lugar tras Finlandia y Países Bajos (excluyendo a Costa Rica, incorporada a la OCDE en 2021).

Mentira 4

Los resultados se explican solo por el nivel socioeconómico

Existe una correlación importante entre resultados académicos y nivel socioeconómico, pero un papel central de un sistema educativo es precisamente crear condiciones para que los estudiantes de niveles socioeconómicos bajos obtengan mejores resultados: operar como palanca que equilibra condiciones de origen, en vez de simplemente reproducirlas.

Puntaje de matemáticas vs. PIB per cápita, PISA 2022
Puntaje de matemáticas vs. PIB per cápita (PPA), PISA 2022, R² = 0.62. Fuente: OCDE, PISA 2022 Database, Tablas I.B1.2.1 y I.B3.2.1.

México, Francia, Suecia y Dinamarca obtienen resultados cercanos a lo que su nivel de ingreso predeciría. Pero el patrón no es universal: Panamá, Arabia Saudita, Estados Unidos y Catar quedan muy por debajo de lo que sugiere su nivel económico, mientras que Polonia, Estonia y —de forma sobresaliente— Vietnam se sobreponen a su condición económica y obtienen resultados que revelan sistemas educativos eficaces según la evidencia disponible.

Una segunda forma de ver el mismo problema es comparar, dentro de cada país, a los estudiantes de mayor y menor nivel socioeconómico:

Desempeño en matemáticas por decil socioeconómico, países seleccionados, PISA 2022
Desempeño en matemáticas por decil socioeconómico (Decil 1 = más bajo, Decil 10 = más alto), países seleccionados, PISA 2022. Fuente: elaboración propia con base en PISA 2022; c = tamaño de muestra insuficiente para reportar con confiabilidad.

El dato más informativo de esta tabla no es el promedio nacional: es que el Decil 10 mexicano —sus estudiantes de mayor nivel socioeconómico— promedia 447 puntos en matemáticas, 25 puntos por debajo del promedio general de la OCDE (472). En países como Japón, Corea o Estonia, el Decil 10 supera el promedio de la OCDE por 50 puntos o más. Es decir: incluso los estudiantes mexicanos más favorecidos rinden, en promedio, por debajo del estudiante típico de la OCDE —lo que sugiere que el nivel socioeconómico por sí solo no agota la explicación del desempeño del sistema.

Mentira 5

Para mejorar es indispensable invertir más en educación

La falta de recursos es una de las explicaciones más frecuentes para los bajos resultados académicos. PISA muestra que la inversión educativa ayuda, pero no es condición suficiente: importa también en qué componentes del sistema se invierte para que el gasto se traduzca en resultados.

Puntaje de matemáticas vs. gasto acumulado por estudiante, PISA 2022
Puntaje de matemáticas vs. gasto acumulado por estudiante (PPA), PISA 2022, R² = 0.54, promedio OCDE: USD 102,612. Fuente: OCDE, PISA 2022 Database.

República Dominicana, Panamá y Catar obtienen resultados muy por debajo de los que su nivel de inversión educativa anticiparía; Vietnam, Japón y Singapur, en cambio, rinden por encima de lo esperado por su gasto. La forma de la curva —de rendimientos decrecientes, no lineal— es el punto: dice más sobre en qué se invierte que sobre cuánto.

Mentira 6

No hemos mejorado puntajes porque hemos ampliado cobertura

Cuando un país eleva su cobertura educativa, es esperable que sus resultados promedio bajen, porque los estudiantes recién incorporados suelen provenir de sectores en desventaja —y una cobertura creciente sería, en ese caso, una buena noticia que compensa la caída del promedio. Pero México no está en ese supuesto: sus resultados bajaron y su cobertura también cayó, de forma simultánea.

Cobertura de la población de 15 años, países con menor cobertura en PISA, 2018 vs. 2022
Cobertura de la población de 15 años, países con menor cobertura en PISA, 2018 vs. 2022. Fuente: elaboración propia con base en OCDE, PISA 2018 y PISA 2022.

México es el país miembro de la OCDE con menor cobertura de población de 15 años en la educación formal: 63.5% en 2022, lo que significa que 36.5% de los jóvenes de esa edad ya no estaba en la escuela. Entre el conjunto de participantes de PISA 2022 (miembros y no miembros de la OCDE), México solo supera en cobertura a Camboya, El Salvador, Guatemala, Jamaica y Panamá, y queda por debajo de países como República Dominicana, Palestina, Paraguay y Ucrania —este último, en estado de guerra al momento de la aplicación. La cobertura mexicana cayó cerca de 3 puntos porcentuales en los últimos cuatro años frente a un alza de 11 puntos en Colombia.

La primera obligación de un sistema educativo es que las personas en edad escolar asistan a la escuela; para quienes no lo hacen, la calidad de los aprendizajes que PISA mide es irrelevante. Como consecuencia de esta baja cobertura, los resultados de México —bajos como son— podrían estar sobreestimando las habilidades reales del conjunto de la población de 15 años, en la medida en que quienes ya no están en la escuela probablemente obtendrían resultados menores a los de quienes sí continúan.

Mentira 7

PISA es una prueba de opción múltiple

PISA evalúa hasta qué punto los estudiantes de 15 años pueden usar sus conocimientos y habilidades de lectura, matemáticas y ciencias para enfrentar situaciones de la vida real (definición OCDE), con tres pruebas principales y tres complementarias que varían por edición —en 2022, pensamiento creativo, alfabetismo financiero y aprender a aprender.

Aproximadamente dos tercios de los reactivos son de opción múltiple, sujetos a filtros de diseño rigurosos antes de entrar a la prueba; el resto son de respuesta abierta, calificados con una estrategia de calificación cruzada entre países para mantener un criterio homogéneo en decenas de idiomas. La razón de aplicar la misma prueba a realidades tan distintas es establecer un referente común frente a los países con los que los jóvenes de cada sistema habrán de competir en el futuro, en vez de medir el avance respecto al currículo particular de cada país —una comparación casi imposible de hacer con rigor.

Mentira 8

Las pruebas internacionales son una creación neoliberal

La primera prueba estandarizada de alcance internacional ocurrió en 1960, cuando la IEA (International Association for the Evaluation of Educational Achievement) realizó un estudio piloto en 12 países. En 1964 se aplicó el Primer Estudio Internacional de Matemáticas (FIMS), y hacia 1970-71 el Primer Estudio Internacional de Ciencia (FISS). En 1995 —cinco años antes de la primera aplicación de PISA— la IEA inició el Estudio Internacional de Tendencias en Matemáticas y Ciencia (TIMSS), que continúa aplicándose.

Estos ejercicios iniciaron con un número reducido de países y hoy incluyen a un número creciente de ellos —72 en TIMSS, 81 en PISA 2022, 91 en PISA 2025—, con gobiernos de orientación ideológica muy diversa: participan países como Reino Unido, Canadá, Japón y Australia, pero también la República Socialista de Vietnam y la Autoridad Palestina. En la edición más reciente del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad Educativa (LLECE, UNESCO, 2019) participaron 16 países, entre ellos Cuba, Ecuador y Nicaragua. La evaluación educativa estandarizada, como práctica, se ha incorporado a sistemas educativos de todas las orientaciones ideológicas.

Mentira 9

Para ser útil, PISA debería contextualizarse a las condiciones de México

La utilidad de PISA depende precisamente de esa combinación: contar con un marco común de comparación entre economías, sistemas educativos y culturas profundamente distintas, sin confundir esa medición común con una receta única para todos. La medición tiene que ser universal para que México pueda saber dónde está frente a otros países, frente a su propia trayectoria histórica y frente a sistemas que enfrentan retos comparables. Si cada país midiera solo con sus propios criterios, la comparación internacional perdería sentido y sería imposible distinguir qué parte del resultado responde a brechas reales de aprendizaje y qué parte a diferencias de escala, currículo o definición.

Lo que sí debe contextualizarse es el aprovechamiento de la información. Un mismo resultado no significa lo mismo en un país con alta cobertura escolar que en uno donde una proporción importante de jóvenes de 15 años ya no está en la escuela; tampoco se interpreta igual en sistemas con distinta desigualdad social, organización territorial, oferta educativa o composición lingüística y cultural. Por eso PISA no debe leerse como un juicio descontextualizado sobre México, sino como una base común de evidencia que después debe cruzarse con la realidad nacional: cobertura, desigualdad, condiciones escolares, trayectorias de aprendizaje y capacidad institucional para convertir los datos en decisiones. La comparación es universal; la interpretación y el uso público de esa comparación tienen que ser nacionales.

Mentira 10

Participar en PISA nos llevará automáticamente a tener un sistema educativo cada vez mejor

Esta parece ser la aspiración de todos los países que participan en PISA: medirse frente a sistemas más desarrollados para identificar brechas y oportunidades. Pero esa medición, por sí sola, no produce mejora: requiere acciones concretas de las autoridades educativas de cada país, y eso ocurre pocas veces. Dos pasos suelen faltar: una difusión de los resultados en lenguajes y formatos accesibles a públicos amplios, y una traducción de esos resultados en decisiones específicas de política educativa.

Una primera omisión es, en parte, atribuible a la propia organización de PISA: sus resultados se difunden mayoritariamente en formatos con lenguaje muy técnico, y aunque en ocasiones se publican textos más accesibles (como PISA in Focus), la actividad de difusión no está a la altura de la riqueza del ejercicio: de ahí que la discusión pública suele agotarse en las tablas de puntajes, dejando de lado los volúmenes de análisis que acompañan cada publicación. Otras omisiones corresponden a las autoridades nacionales. Entre ellas pueden estar el asumir una postura de atacar y descalificar la herramienta cuando los resultados no son buenos; limitar el análisis a algunas declaraciones a los medios, en vez de emprender una discusión amplia y rigurosa que permita aprovechar todo este insumo; o hacer una traducción forzosa de los resultados para apoyar una postura gubernamental (o para atacar la de grupos opositores).

Por eso PISA no se traduce en mejora en muchos países: porque medir no equivale a mejorar (ni a gobernar). La evaluación ofrece señales, comparaciones y preguntas, pero no sustituye la capacidad institucional para convertirlas en prioridades, programas, presupuesto, formación docente, acompañamiento a escuelas y seguimiento sostenido. En algunos sistemas, los resultados se usan solo como insumo de comunicación política —para celebrar, minimizar o culpar—; en otros, se interpretan de manera superficial, copiando prácticas de países con mejores puntajes sin preguntarse si responden a condiciones similares. También puede ocurrir que el ciclo político sea más corto que el ciclo educativo: una administración recibe los datos, anuncia medidas generales y abandona el seguimiento antes de que puedan observarse cambios reales. En esos casos, PISA funciona como termómetro, pero no como tratamiento: muestra la temperatura del sistema, pero la mejora depende de que cada país tenga la voluntad, la capacidad técnica y la continuidad institucional para actuar sobre lo que el diagnóstico revela.